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Facundo y la sombra del tigre


Hacía 1830, la República Argentina era sólo un proyecto de nación. Dividida en provincias, muchas veces enfrentadas entre sí, sufría el desgarramiento mayor: la lucha entre unitarios y federales. Los unitarios querían la centralización del país de buenos Aires, la provincia más rica y poseedora del puerto fundamental; los federales pretendían la autonomía de las provincias. La situación se presentaba tan caótica que la vecina república de chile llegó a ofrecerse para interceder entre las provincias. 


Tres Hombres se repartían el poder de la nación, agotada por las luchas de la independencia contra España y las posteriores guerras civiles. Uno era el hombre fuerte de Buenos Aires, juan Manuel de Rosa; tro, el caudillo riojano Juan Facundo Quiroga, a quien respondían nueve provincias; el tercero, Estanislao López, gobernador de Santa Fe y con absoluta influencia sobre Córdoba.


Un hecho Hacía 1830, la República Argentina era sólo un proyecto de nación. Dividida en provincias, muchas veces enfrentadas entre sí, sufría el desgarramiento mayor: la lucha entre unitarios y federales. Los unitarios querían la centralización del país de buenos Aires, la provincia más rica y poseedora del puerto fundamental; los federales pretendían la autonomía de las provincias. La situación se presentaba tan caótica que la vecina república de chile llegó a ofrecerse para interceder entre las provincias. 


Los hermanos Reinafé, dueños del poder en Córdoba, fueron los acusados de instigar la matanza, que tuvo por ejecutor material al capitán Santo Pérez, con una partida a su mando. Este último y dos de la Reinafé fueron fusilados en la Plaza de la Victoria (hoy Plaza de Mao) y colgados seis horas para la expectación pública, en Octubre de 1837. Otro murió en la cárcel días antes de la sentencia, en tanto el cuarto logro huir al exilio. La exhaustiva investigación que ordenó llevar a cabo Rosas y su elocuente dictamen no pudieron despejar, sin embargo, ciertas sospechas que siempre sobrevolaron su figura.


El film toma como eje el fatigoso viaje de Quiroga hacia su martirio y estructura el relato de modo que la vida y el pensamiento de Facundo, apodado El Tigre de los Llanos - Ya retirado de su vida militar y aquejado por una penosa enfermedad - se despliega en todo su dramatismo, permitiendo, al mismo tiempo, la revisión del pasado y una lectura atenta del presente con proyección futura. En Barranca Yaco, el caudillo riojano termino de construir su leyenda: alertado una y otra vez sobre un plan para asesinarlo, siguió adelante desoyendo el destino. Eso es lo que no se entiende, eso es lo que fascina.